martes, 7 de agosto de 2012

Los Dogon y el misterio de Sirio - Parte I

Introducción

Una etnia relativamente primitiva del África occidental parece poseer dentro de su sabiduría tradicional conocimientos astronómicos muy precisos sobre el sistema estelar de Sirio, que sólo son factibles de obtener utilizando refinados recursos tecnológicos. Nos referimos, por supuesto, a los Dogon.
Los mitos de este pueblo contendrían referencias claras a la invisible acompañante de Sirio, una enana blanca que fue predicha por la ciencia en 1844 y descubierta en 1862. Aún más, la describirían con detalles tan exactos como sorprendentes, considerándola como muy pequeña y formada por el metal más pesado del mundo, y con un período orbital de 50 años, virtualmente idéntico al calculado por la astronomía occidental.
A primera vista, esto parece imposible. Un conocimiento de esa clase sólo lo pueden haber recibido los Dogon de una civilización científicamente avanzada. ¿Extraterrestre? ¿Atlante? ¿O quizás simplemente de la civilización tecnológica geográficamente más cercana a ellos, la Occidental?

Sobre el supuesto mito Dogon se ha creado segundo mito, adventicio y moderno, que se inició cuando Robert Temple publicó en 1975 su famoso libro "The Sirius Mystery". Este "mito sobre el mito" involucra la visita de seres extraterrestres a la Tierra en un pasado remoto. El siguiente artículo revisa diversos aspectos del tema. Dado que es bastante extenso, lo he dividido en dos partes por razones de comodidad. La parte I resume los aspectos más notables y divulgados del misterio, repasa diversos aspectos de la cultura Dogon, así como también la génesis del mito moderno y sus fuentes. La parte II está dedicada a las diferentes explicaciones que se le han dado al problema, incluyendo una sección referente al descubrimiento de Sirio C. También incluyo aquí las referencias que he utilizado. En el apéndice se reproduce un fragmento de uno de los mitos Dogon de la creación.

En fin, adelante.

Sirius

The climax of Dogon religious life occurs every 60 years, in a ceremony called the sigui. It occurs when the star Sirius appears between two mountain peaks. Before the ceremony, young men go into seclusion for three months, during which they talk in secret language. The general ceremony rests on the belief that some 3,000 years ago amphibious beings from Sirius visited the Dogon.

(Del artículo "Dogon" de la ENCYCLOPÆDIA BRITANNICA ONLINE)  

El mito

Un pequeño y remoto pueblo del Sahel, en el África Occidental, puede ser la prueba más consistente de que la Tierra fue visitada en una época remota por seres del espacio exterior.

Se trata de los Dogon, tribu que habita en la actual República de Malí. Los Dogon son poseedores de una mitología tan rica como compleja; sus leyendas contienen conocimientos astronómicos que de ninguna forma pudieron haber obtenido por sí mismos, ni de un eventual contacto con visitantes terrestres. Esto le plantea a la ciencia un enigma que es incapaz de explicar, y que escapa por completo a las soluciones convencionales.

La sabiduría secreta de este pueblo contiene datos precisos y detallados sobre el sistema solar, que en muchos casos sólo han entrado a formar parte del acervo de la astronomía moderna muy recientemente: describen a la Luna como "seca y estéril", saben que el planeta Júpiter (al que llaman "Dana tolo") tiene cuatro grandes satélites, conocen los anillos de Saturno, y que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol. Esta noción de que los cuerpos celestes siguen órbitas elípticas alrededor de un astro principal que se ubica en uno de los focos sólo fue aceptada por la astronomía occidental a partir de Kepler, en el siglo XVII. Además, describen a la Vía Láctea como una galaxia espiral formada por millones de estrellas.

Sin embargo, los conceptos fundamentales de los mitos Dogon no se refieren al sistema solar, sino que giran en torno a Sirio, estrella de primera magnitud situada en la constelación del Can Mayor, a la que conocen como "Sigu tolo", la "estrella del Sigui" ("tolo" significa "estrella"). Aún más, la brillantísima Sirio es menos importante en la cosmogonía Dogon que su invisible acompañante, Sirio B, una enana blanca que no fue descubierta por la astronomía occidental sino hasta 1862. Los Dogon conocen a Sirio B como "Po tolo", que se traduciría como "estrella Digitaria"; "po" es el grano de la Digitaria exilis, gramínea conocida popularmente como fonio o acha. El grano de la Digitaria exilis es el más pequeño que conocen los Dogon, y, por extensión, la más pequeña de las cosas.

La magnitud de Sirio B ("Po tolo") es de 8,7, por lo que resulta absolutamente invisible a ojo desnudo; aún más, la separación máxima de Sirio A y B es de apenas 11 minutos de arco (y un observador con visión perfecta apenas puede separar dos puntos luminosos separados por 42 segundos de arco). Para la primera visualización moderna de Sirio B, realizada en 1862 por Alvan Clark, se requirió emplear el mayor telescopio existente para la época. De acuerdo al mito Dogon, esta "estrella Digitaria" o Po tolo tarda 50 años en recorrer su órbita alrededor de Sigu tolo. El cálculo de los astrónomos es, sorprendentemente, de 50,04 años; el error de la estimación de los Dogon respecto a los datos logrados con los más refinados recursos tecnológicos es inferior al 0,08 %. El mito también proporciona otros detalles inquietantes acerca de Po tolo: la describe como blanca y compuesta de "sagala", un metal muy denso y extremadamente pesado, el más pesado del universo. Ésta es una descripción singularmente adecuada para una enana blanca. Además, afirman que Po tolo rota sobre su eje en un periodo de un año, lo que probablemente es una apreciación correcta. Según los Dogon, Sirio B o Po tolo es la primera estrella creada por Amma y el eje del Universo. Consideran que el Sol y Sirio son dos estrellas gemelas, con un origen común.

Aún hay más: los Dogon conocen también otros componentes del sistema. Describen otra estrella a la que denominan "Emme Ya" ("el sol de las Mujeres" o "Sorgo hembra"), mucho mayor que Digitaria, pero cuatro veces más liviana, que recorrería su órbita alrededor de Sigu tolo (Sirio A) también en cincuenta años, pero a una distancia mayor. Alrededor de Emme Ya ubican un satélite que le sirve de guía, al que denominan "Nyân tolo", "la estrella de las Mujeres". La astronomía moderna no descubrió que Sirio es un sistema triple sino hasta 1995. Otro miembro adicional del sistema es la llamada "estrella del zapatero", muy alejada de las otras tres y que se desplaza en dirección contraria alrededor de Sigui.

Los Dogon representan el sistema de Sirio en una figura que denominan "el huevo del mundo", un preciso diagrama orbital en el que Sirio A ocupa uno de los focos de la elipse.

Cada sesenta años los Dogon celebran una ceremonia de renovación del mundo, llamada "Sigui", asociada a la invisible Sirio B o Po tolo. En esta ceremonia se emplean unas elaboradas máscaras con forma de cabeza de pájaro, llamadas "kanaga", confeccionadas especialmente para esa ocasión, que posteriormente son cuidadosamente guardadas en refugios protegidos. Las máscaras conservadas son una prueba física de que las ceremonias "Sigui" y los asombrosos conocimientos de los Dogon acerca del sistema estelar de Sirio se remontan al menos a 700 años, hasta el año 1300 d.C.

La leyenda Dogon afirma que la fuente primigenia de este insólito saber astronómico fueron los "Nummos", seres que llegaron a la Tierra procedentes del satélite de Emme Ya, aproximadamente hacia el año 3000 a.C. Significativamente, el término "nummo" en la lengua Dogon se relaciona con el agua; también suelen referirse a ellos como "Maestros del Agua" e "Instructores". Los describen como seres anfibios, con más forma de pez que de hombres; localizan su recalada en algún punto ubicado al nordeste del territorio en el que actualmente se asientan.

Esto establece inquietantes paralelismos con la leyenda sumeria de los Oannes, recogida por el historiador babilónico Beroso. Según el mito sumerio, los Oannes "tenían forma de pez mezclada con la de hombre", y surgieron del Mar Rojo.

El Nummo

¿Cómo es posible que una remota y primitiva tribu africana pueda poseer desde la más inmemorial antigüedad unos conocimientos astronómicos que la ciencia occidental sólo ha logrado obtener con el uso de técnicas muy sofisticadas y de instrumentos avanzados y precisos? Planteado así el problema, por supuesto, parece que la única solución es que los Dogon "recibieron" sus conocimientos de alguna civilización tecnológicamente avanzada. ¿Procedente de Sirio? Quizás, aunque antes de llegar a una conclusión quizás sea conveniente conocer algunos otros datos. Como veremos más adelante.

Algo acerca de los Dogon (sin delirios)

Los Dogon son uno de los numerosos grupos étnicos que habitan en la altiplanicie central de Malí y en Burkina Faso (el antiguo Alto Volta). Su territorio se encuentra ubicado en el Sahel, la zona semiárida de transición entre el Sahara al norte y las áreas tropicales húmedas del sur. Se trata de una comarca de sabanas herbáceas y arbustos dispersos, en la que la lluvia y la tierra arable son escasas.

Los datos acerca de su población son inseguros, siendo estimada por diversas fuentes entre los 100.000 y los 500.000 individuos, la mayoría de los cuales viven en las colinas rocosas, las mesetas y las montañas de los distritos de Bandiagara y Douentza, en Malí. En el primero de estos distritos, el grueso de la población se concentra en una franja de unos 140 kilómetros de largo, correspondiente a los llamados riscos de Bandiagara. Se denominan a sí mismos "Dogon" o "Dogom" (singular "Dogo"), pero en las fuentes antiguas suelen ser mencionados como "Habe", palabra Fulbe que significa "extranjero" o "pagano".

La correcta clasificación de su idioma es sujeto aún de dudas y controversias, siendo habitualmente clasificado dentro del Voltaico.

La historia temprana de los Dogon se conoce a través de sus tradiciones orales: se supone que su lugar de origen se encuentra en la orilla oeste del Níger, entre los siglos X y XIII. De acuerdo a la leyenda, los antepasados de los Dogon fueron cuatro hermanos de origen sobrenatural, llamados Dyon, Arou, Domno y Ono, que "debido a una disputa en su patria Mande [...] decidieron dejar Mande y encontrar una nueva tierra donde ellos y sus descendientes pudieran vivir en paz". Hasta el día de hoy los habitantes de las diferentes regiones suelen declarar su parentesco con alguno de estos ancestros míticos. Inicialmente emigraron al norte y oeste de Burkina Faso, donde las historias locales los describen como los "Kibsi"; se cree que alrededor de 1490 huyeron de este territorio al ser invadida por la caballería de los Mossi, refugiándose en los riscos de Bandiagara. Allí sustituyeron a una población anterior, los Tellem, de la que se conocen pocos datos. Edificio Dogon

Son un pueblo esencialmente agrícola. Menos de la mitad de los Dogon son musulmanes, y menos aún son cristianos; muchos practican todavía su religión tradicional. Las villas Dogon suelen agruparse en grupos de cuatro o cinco en las proximidades de las fuentes de agua; cada una de estas agrupaciones forma un cantón o región, que constituye una unidad geográfica, lingüística y étnica. Cada región tiene un dialecto diferente (y a veces, considerablemente diferente) de las restantes. Los habitantes de una determinada región proclaman su parentesco con un antecesor común. La organización de las villas se basa en el parentesco de sus miembros, dentro de un marco de linajes patrilineales exógamos (denominados "Ginna"). El varón de más edad descendiente de un ancestro común dentro del linaje local de una villa ejerce como cabeza del mismo y es conocido como "Ginna bana". El Ginna bana conduce las ceremonias religiosas y preside el concilio de ancianos que lleva el gobierno de cada villa. El varón más viejo descendiente directo del fundador es el "Hogon", y ejerce como jefe del cantón, y a la vez de líder espiritual del culto "Lebe"; se le considera "el más puro de los hombres puros" y su campo es sagrado.

Un rasgo distintivo del sistema social de los Dogon es la existencia de diversas castas ocupacionales, entre las que se incluyen las de los trabajadores en hierro, en cuero y en madera; también figuran entre éstas los "griots", que cumplen funciones de historiadores orales, genealogistas, poetas, músicos y hechiceros. Los miembros de estas castas viven separados de los agricultores, fuera de las villas, o en villas propias. Cada una de estas castas es endógama, y sus miembros no participan en los cultos religiosos comunes.

La sociedad Awa es una sociedad secreta de hombres que controla el celebre culto de las máscaras y prepara la ceremonia Sigui (el "Culto de la Gran Máscara"). El Awa se caracteriza por rigurosas normas de etiqueta, obligaciones, interdictos, y un lenguaje secreto (el "lenguaje de la maleza" o "Sigui so"); las mujeres y los niños están estrictamente excluidos. La sociedad Awa se divide de acuerdo a grados de edad, ignorando los linajes tradicionales y el puesto jerárquico dentro de las villas. Los varones son iniciados en esta sociedad en la adolescencia, pero sólo algunos muy seleccionados son instruidos en todos los secretos del culto, con la responsabilidad de por vida de preservar la tradición de las máscaras. Éstos reciben su iniciación en la ceremonia Sigui, que se celebra sólo una vez cada sesenta años. El líder de la sociedad Awa, es el "Olubaru", el "maestro del lenguaje de la maleza", y líder de los "hombres impuros". Los Dogon dividen su comunidad en dos categorías opuestas, llamadas innenomo ("hombre que vive", traducido como hombre puro) e innepuru ("hombre impuro", o también "hombre muerto"). Los papeles de puro y de impuro se definen en términos de responsabilidades rituales, prohibiciones y derechos a asumir ciertas funciones; conforman una oposición ritual ajena la jerarquía del linaje, de la edad, y del lugar. El status de "puro" o "impuro" se establece en el momento del nacimiento, heredado de algún antepasado recientemente fallecido. Los impuros realizan los rituales asociados a muerte, tal como la preparación y entierro del cadáver y el sacrificio y consumo de animales sagrados. Los hombres impuros tienen prohibido el contacto con el campo sagrado del Hogon. El estado impuro es un requisito para ejercer como Olubaru. Los hombres puros tienen prohibidas las actividades rituales asociadas a muerte.

Máscara Dogon

El Olubaru y la sociedad Awa asumen el control de la comunidad durante sus períodos ceremoniales, en tanto que el Hogon es el jefe durante el resto del año y se hace cargo de las responsabilidades sagradas en la época de los ritos agrícolas. 
La transmisión del cargo de Olubaru tiene lugar fuera de la villa, y el derecho a asumirlo está completamente separado de la jerarquía habitual de la misma. 

La fabricación y uso de las máscaras no es en modo alguno exclusivo de la ceremonia Sigui; también se emplean en el festival de la siembra, en las ceremonias funerarias, y en las ceremonias "Dama" (conclusión de un período de luto).

Los Dogon poseen cuatro cultos principales: el culto "Wagem" (relacionado con los ancestros) encabezado por el Ginna bana, el culto Lebe encabezado por el Hogon (asociado con el ciclo agrícola), el culto "Binu" (totémico), dirigido por el "Binukedine", y el culto de la sociedad Awa, encabezado por el Olubaru. Estos cuatro cultos se encuentran integrados en un solo sistema religioso. Los cuatro líderes de los cultos son asimilados a los cuatro hermanos sobrenaturales, y a su vez, a las cuatro direcciones de la cosmogonía Dogon. Este sistema religioso puede ser entendido en términos de oposición entre el Ginna bana y el Olubaru por un lado, ambos "impuros", y el Hogon y el Binukedine por el otro, ambos "puros". Esta oposición se halla enraizada en la mitología y en la forma de ver el mundo de este pueblo. La tierra no arable, la maleza, es percibida como desordenada e impura, morada de fuerzas sobrenaturales, mientras que las villas y las tierras cultivadas son consideradas ordenadas y puras. El Hogon, líder del culto Lebe y de los hombres puros cultiva un campo sagrado y puro; la maleza es el dominio del "zorro pálido" (el Chacal dorado) el primer hijo del creador Amma, y corruptor de su creación.

Una cosmogonía Dogon

La cosmogonía Dogon no es menos compleja e imaginativa que su organización social. Según una de sus versiones (existen varias, que difieren en muchos detalles), Amma, el dios creador, hizo las estrellas arrojando pelotillas de barro al espacio, y el Sol y la Luna como obras de alfarería. A continuación creó la Tierra comprimiendo en su mano una pella de arcilla, y luego arrojándola al igual que las estrellas; la pella se extendió formando un cuerpo femenino, en el que un termitero formó el clítoris y un hormiguero la vagina. La primera ruptura en el orden del mundo acaeció cuando Amma quiso copular con la Tierra, pero el termitero (el clítoris, que representa la masculinidad), se lo impidió, y Amma procedió entonces a cercenarlo. A consecuencia del impedimento inicial este acto sexual resultó defectuoso, y de él nació una sola criatura, el Chacal dorado, que es símbolo de las dificultades de dios.

En una segunda cópula, el agua, que es considerada el germen divino, penetró en la matriz de la Tierra, pues la excisión del clítoris había removido la causa del desorden originario. De esta concepción perfecta nacieron los gemelos divinos llamados "Nummo", productos homogéneos de dios y de su misma esencia. Si bien Nummo se refiere a una pareja de gemelos, los Dogon acostumbran a usar la forma singular para referirse a ellos. A continuación, el Nummo subió al cielo para recibir las instrucciones de su padre. Desde allí vio a su madre, desnuda y sin habla; para poner fin a este estado de caos descendió de nuevo a la Tierra, y con fibras de plantas de las regiones divinas cubrió su desnudez. Esto dotó a la Tierra del primer lenguaje del mundo.

Aquí interviene el Chacal, "el hijo engañoso de dios", quien introduce de nuevo el desorden en la creación al cometer incesto con su madre. De este modo, el Chacal usurpó el lenguaje divino y produjo el flujo menstrual, que manchó las fibras divinas. Por esta impureza Amma rechazó a su esposa y decidió a crear seres vivos directamente, modelándolos en arcilla húmeda. Surgió así la primera pareja humana; cada uno de sus miembros fue dotado por el Nummo de dos almas, una masculina y otra femenina. Sin embargo, el Nummo no tardó en comprender las desventajas de poseer dos almas, y procedió a circuncidar al hombre para eliminar su parte femenina. El hombre copuló entonces con la mujer, engendrando los primeros dos niños de una serie de ocho, que fueron los antepasados del pueblo Dogon. La naturaleza de estos ocho antepasados era dual y bisexual, y desconocían la muerte. Se reprodujeron y eventualmente, tras diversas vicisitudes, fueron llevados al cielo por el Nummo, tras ser perfeccionados por el agua y la palabra. En el cielo, se transformaron a su vez en Nummo.

Sin embargo, ocurrió entonces una nueva ruptura, al no resignarse los recién llegados a acatar las reglas del Nummo original. El primero y segundo antepasado decidieron abandonar el cielo, "donde se sentían extranjeros", siendo seguidos por los otros seis. Una vez de regreso en la tierra procedieron a la ordenación de la naturaleza y de la sociedad humana, introduciendo en el mundo la agricultura, el trabajo en metal y el arte del tejido.

En esta mitología el Chacal es una criatura desnaturalizada, que quebranta el orden social; es un símbolo de la "unicidad", del varón sin complemento femenino. Para los Dogon, el caos es el resultando del desequilibrio entre cualidades masculinas y femeninas. En cambio, el equilibrio de los sexos que lleva al funcionamiento apropiado del cosmos queda ilustrado en las historias de los Nummo, seres andróginos. En el mito, los Nummo son héroes culturales que introducen en el mundo humano artes y conocimientos útiles y que restituyen el orden perdido, y a la vez también representan el poder vitalizador del agua, que permite la agricultura y la organización social en un entorno hostil.

El origen de un mito moderno

El Nummo

Si bien el "saber oculto" de los Dogon sobre Sirio y el sistema solar era conocido por los antropólogos desde finales de los años cuarenta, no fue sino hasta 1975 cuando fue objeto de una amplia divulgación y de un virtual secuestro por parte de los incondicionales de la hipótesis de los "antiguos astronautas". 

Ese año vieron la luz, de forma independiente, dos hipótesis que conectaban los conocimientos astronómicos de los Dogon con presuntos viajeros espaciales que habrían visitado la Tierra en un pasado remoto.

Los padres de las mismas fueron el arquitecto francés Eric Guerrier y el orientalista norteamericano (asentado en Inglaterra) Robert K. G. Temple (quien es definido en una entrevista reciente como "a highly respected classical scholar and Fellow of the Royal Astronomical Society"). Guerrier dejó registradas sus elucubraciones en un libro titulado Essai sur la cosmogonie des Dogon: L'arche du Nommo (París, 1975), en tanto que el mucho más afortunado Robert Temple proclamó las suyas en The Sirius Mystery (Londres, 1975). Pero mientras Eric Guerrier está hoy virtualmente olvidado (las mil y una páginas de Internet sobre el misterio de Sirio lo ignoran de forma casi unánime), no ha ocurrido otro tanto con Temple, quien en 1998 publicó una nueva versión de su obra, revisada y ampliada, actualizada con nada menos que "140 páginas de nueva evidencia científica que le da solidez a una hipótesis que la KGB, la CIA y la NASA intentaron suprimir" (!!!).

En líneas generales, Guerrier y Temple coinciden en postular que el saber secreto de los Dogon procede de una tradición oculta milenaria, rastreable en última instancia hasta las antiguas civilizaciones de Egipto y Sumer. Los sumerios, en particular, habrían sido los beneficiarios originales de ese conocimiento misterioso, recibido directamente de seres extraterrestres procedentes de un planeta del sistema estelar de Sirio. Esto quedaría demostrado por el mito sumerio de Oannes, que se refiere a unos seres anfibios, con rasgos mezclados de pez y hombre (¿o quizás humanoides dentro de una traje espacial?), que surgieron del mar para actuar como héroes civilizadores. Sin embargo, es de hacer notar que la idea de que pudiera haber alguna relación entre el mito de Oannes y seres provenientes del espacio exterior no es en modo alguno original de nuestros dos autores, pues ya había sido enunciada en 1966 nada menos que por Carl Sagan y Iosif S. Shklovskiy, en su libro Intelligent Life in the Universe. Por otra parte, también debe tomarse en cuenta un hecho que suele olvidarse con excesiva frecuencia: conocemos la leyenda de Oannes no a partir de fuentes sumerias, sino a través del historiador y sacerdote caldeo Beroso, quien vivió en una época tan tardía como el siglo III a.C. (su historia de Babilonia está dedicada al rey helenístico Antioco I Soter). Además, la mayor parte de su obra se ha perdido, y sólo nos han llegado fragmentos preservados por historiadores y escritores griegos como Alejandro Polyhistor, Abideno y Apolodoro.

No existe igual unanimidad entre Guerrier y Temple respecto a la vía por la cual las informaciones impartidas por los Oannes a los sumerios habrían llegado hasta los Dogon. Eric Guerrier, el menos original de los dos, las hace pasar de los sumerios a los babilonios. En Babilonia, la información sería conocida por una de las Diez Tribus Perdidas de Israel, que al final del exilio en lugar de regresar a Palestina optó por realizar un incómodo viaje de varios miles de kilómetros hasta el África Occidental. Idea que en perspectiva resulta muy poco innovadora, pues a las famosas Tribus Perdidas se les ha hecho colonizar desde la América Precolombina hasta la Francia merovingia, por no hablar de Inglaterra, de modo que no tiene nada de extraordinario que alguna haya ido a parar a las riberas del Níger.

Robert Temple, por su parte, resulta bastante más creativo. De Sumer el conocimiento secreto habría pasado a Egipto, en donde fue asimilado por los griegos de Lemnos, descendientes de los Argonautas. Posteriormente, estos griegos emigrarían a Libia, y al penetrar hacia el oeste se transformaron en los famosos Garamantes. Siglos más tarde se dirigirían hacia el sur, hacia las riberas del Níger, donde acabarían mezclándose con la población local de raza negra. Para Temple, los Dogon vendrían a ser, "cultural y quizás físicamente, descendientes de los griegos de Lemnos". Estos Dogon helénicos habrían preservado por siglos las sagradas tradiciones llevadas desde el Egipto predinástico a Grecia por los "Danaos". Quizás no sea ocioso recordar aquí que dentro de la bibliografía de este ilustre polígrafo, (que es "fellow of the Royal Astronomical Society, the Society for the Promotion of Hellenic Studies, the Egyptian Exploration Society, the Royal Historical Society, the Institute of Classical Studies, and the Institute of Historical Research") también se incluye una edición, realizada junto con su esposa, de las fábulas completas de Esopo.

En cualquier caso, la leyenda moderna acerca del "misterio de Sirio" le debe mucho a Temple, y muy poco, o nada, a Guerrier, al punto que el primero puede ser considerado virtualmente como la fuente principal o única de la gran mayoría de las historias que circulan al respecto. A esto sin duda ha contribuido decisivamente su aura de erudición, de investigador serio, que lo distancia, por ejemplo, de un von Daeniken, y también la polémica alrededor de su libro, en la que jugaron un papel importante Carl Sagan, y Ian Ridpath, entre otros.

Si Robert Temple es el manantial en que abrevan los seguidores del "misterio de Sirio", quizás no sea inútil echarle un vistazo a sus fuentes originales, que, no sorprendentemente, son las mismas de Guerrier. Afortunadamente, esas fuentes no son especialmente numerosas, ya que sus datos básicos están tomados del trabajo de un equipo de antropólogos franceses que estudiaron a los Dogon entre los años treinta y cincuenta. Su líder era Marcel Griaule, y su principal colaboradora Germaine Dieterlen. Es de hacer notar que del considerable número de páginas que estos estudiosos dedicaron a la cultura Dogon, sólo consagraron un único artículo al supuesto "misterio de Sirio", complementado con un libro acerca de los conocimientos astronómicos de los Dogon que Dieterlen publicaría varios años después del fallecimiento de Griaule.

Pero quizás convenga saber algo más al respecto.

Marcel Griaule

Marcel Griaule (1898-1956), insigne antropólogo francés, fue el organizador, entre 1928 y 1939, de la primera gran avanzada etnográfica francesa en África. Inició sus trabajos en Etiopía, por entonces un reino independiente, en 1929. Su primer contacto con el pueblo Dogon data de 1931, en el transcurso de la expedición Dakar-Djibouti. Durante la II Guerra Mundial permaneció retenido en Francia, siendo elegido en 1942 por el Consejo de la Facultad de Letras para ocupar la primera cátedra de Etnología creada en la Sorbona. En 1946 pudo por fin regresar al Sudán Francés (el actual Malí). En 1947 fue nombrado consejero de la Unión Francesa, y ocupó dentro de su parlamento la presidencia de la comisión de Asuntos Culturales. Fallece súbitamente en París en 1956, a los 58 años de edad. Al recibir la noticia de su muerte, los Dogon celebraron en su honor una ceremonia funeral tradicional.

Alrededor de Marcel Griaule y Germaine Dieterlen se ha venido creando toda una leyenda que suele utilizarse como decorado de fondo cada vez que sale a relucir el tema del "misterio de Sirio". Según esta leyenda, Griaule y Dieterlen serían "dos eminentes antropólogos franceses que vivieron y trabajaron entre los Dogon 16 años" (o 19, o 21, ya que los divulgadores no se han puesto de acuerdo al respecto, y cada cual hace uso de la exageración que mejor le parece). A lo largo de esa prolongada estadía, y tras ganarse el "amor y el respeto de ese pueblo", habrían ido pasando por diversas etapas de iniciación, hasta que finalmente, en los años cuarenta (o quizás en los treinta, ya que aquí tampoco hay consenso) cuatro sacerdotes decidieron, finalmente, revelarles el conocimiento secreto.

En todo esto hay un algo de cierto mezclado con fuertes dosis tergiversación. Uno se imagina de inmediato a dos esforzados y heroicos exploradores, aislados del mundo, conviviendo por lustros con una tribu perdida. Sólo que la realidad resulta ser bastante diferente, ya que ni los Dogon eran un pueblo perdido, ni Marcel Griaule una especie de misionero al estilo de David Livingstone. Para empezar, Griaule y Dieterlen no estaban solos y aislados, ya que los acompañaban un nutrido equipo de colaboradores (incluyendo, en algunas de las expediciones, a la hija de Griaule, Genevieve Griaule-Calame). Lo que sí se puede decir con seguridad es que Marcel Griaule no vivió con los Dogon ni 16, ni 19, ni 21 años, aunque fueron su foco de atención a lo largo de nada menos que un cuarto de siglo (desde 1931 hasta su muerte, en 1956).

El primer contacto del antropólogo con los Dogon ocurrió, efectivamente, en 1931, durante la mencionada expedición Dakar-Djibouti, que recorrió África de costa a costa, y que culminó en 1933. Su siguiente visita fue en 1935, en el curso de la expedición Sahara-Sudán. Entre 1936 y 1937 se encontró ocupado en otra expedición, la Sahara-Camerún. Volvió al país Dogon en 1938, en la expedición Níger-Lac Iro, que concluyó en 1939. Ya vimos antes que los años de la guerra mundial los pasó en Francia, y resulta un poco difícil de imaginar el modo en que prosiguió "las etapas de iniciación" sin poder moverse del territorio galo ocupado por los nazis. ¿Acaso los sacerdotes Dogon le enviaban lecciones por correspondencia? Parece muy poco probable.

En 1946 reinicia el trabajo de campo con los Dogon, que se prolongarían hasta 1956, el año de su muerte. Por supuesto, no faltaba más, vivió entre los Dogon esos diez años. Pues no, de ninguna forma: en realidad realizó una docena de viajes al territorio, permaneciendo sobre el terreno durante todo ese lapso dos años en total. Lo que no es poco, tomando en cuenta que durante ese tiempo desempeñó en Francia cargos de responsabilidad, por no hablar de la cátedra en la Sorbona. Pero muy lejos, en todo caso, de los 16 años de cohabitación con los Dogon que proclama la leyenda.

Otro dato digno de ser tomado en cuenta, y que nunca es mencionado, es que Griaule y su equipo siempre debieron apelar al uso de intérpretes a la hora de comunicarse con los sacerdotes que le sirvieron de informantes. Esto en sí no tiene nada de particular, si se recuerda que la lengua Dogon está dividida en numerosos dialectos diferentes, pero pone muy cuesta arriba creer a los que afirman que Griaule y Dieterlen eran "dos eminentes antropólogos franceses que vivieron entre los Dogon 16 años" (o 19, o 21). Conocemos incluso el nombre de esos intérpretes: el teniente Dousso Wologuem, Ambara, el sargento Koguem y Amadigné. Los tres últimos colaboraron con los antropólogos durante 25 años, y en lo que respecto a Koguem y Ambara llegaron incluso "a convertirse ellos mismos en valiosos informantes y etnógrafos". Por cierto ¿qué hacen un teniente y un sargento en esa lista? Pues muy simple: se hallaban al servicio del gobierno colonial francés, pues contra lo que suele leerse con frecuencia, los Dogon no eran para esa época una tribu remota y aislada del mundo.

El hecho es que tras su primer contacto con los Dogon de la región de Sangha, en 1931, Griaule quedó fascinado por su cultura, decidiendo concentrar sus investigaciones sobre este pueblo (pero sin proponerse de ninguna manera quedarse a vivir con ellos), regresando al lugar en múltiples oportunidades. Esto implicó repetidos viajes y estadías más o menos prolongadas, así como la presencia más o menos permanente de otros miembros de su equipo sobre el terreno. En esta primera etapa, que concluye en 1939, por lo visto todavía no existen atisbos de ningún conocimiento secreto. En 1946, sin embargo, ocurre un hecho que "marca un hito en la vida de Griaule": se reencuentra con Ogotemmeli del Bajo Ogol, un "viejo cazador ciego que proclamaba tener autoridad sobre los sacerdotes Dogon de Sangha": éste lo inicia en la cosmogonía secreta de los Dogon. Griaule quedó impresionado por las revelaciones de Ogotemmeli, decidiendo de ahí en adelante centrar sus investigaciones en esa región, realizando sólo algunas investigaciones periféricas entre los Bambara y Bozo, dos pueblos vecinos, para "evaluar la extensión de las notaciones simbólicas de los Dogon dentro la cultura mandé".

Marcel GriauleOgotemmeliA la izquierda: Marcel Griaule 

A la derecha: Ogotemmeli del Bajo Ogol, el "viejo cazador ciego" que actuó como su iniciador en el "saber secreto" de los Dogon.

Después de las revelaciones de Ogotemmeli, Griaule restringe sus investigaciones a unos pocos dignatarios Dogon, cada uno de los cuales le suministra información sobre un tópico particular. Así, "Ogotemmeli le informa sobre la creación del mundo, Ongnonlou acerca del sistema de signos, Akundyo sobre la clasificación de las plantas, Yébéné y Manda acerca de los eventos míticos relacionados con el culto Binu". Basándose en la erudición de estos consejeros, obtiene datos que llenan mil páginas de registros, y alrededor de 1.500 fichas, con los que reconstruye "un sistema muy complejo y ordenado, el cual describe fundamentalmente en dos obras, Dieu d'eau (1948) y Le Renard Pâle (1965)". ¿En cuál de estas obras se describe el conocimiento secreto de los Dogon sobre Sirio? En Le Renard Pâle, publicado por Germaine Dieterlen después de la muerte de Griaule, se habla abundantemente de la cosmogonía y de los conocimientos astronómicos de los Dogon, pero no en particular con referencia a Sirio, sino a Júpiter y sus lunas galileanas, Saturno y sus anillos, y la Vía Láctea. En realidad, el conocimiento original acerca del "saber de Sirio" se encuentra en un artículo publicado en 1950 en el Journal de la Société des Africainistes, titulado Un Système Soudanais de Sirius.

En Un Système Soudanais de Sirius Griaule y Dieterlen reportan los sorprendentes conocimientos acerca de Sirio de los Dogon y tres pueblos vecinos (los Bambara, los Bozo y los Minianka). En ese artículo se hace mención de Sirio A como Sigu tolo, de la invisible Sirio B o Po tolo, de la órbita elíptica de 50 años de Po tolo alrededor de Sigu tolo, y de Emme Ya, el satélite de Sirio B. Hacen referencia a que "Sirio, sin embargo, no es la base del sistema: está en uno de los focos de la órbita de una pequeña estrella llamada Digitaria, Po tolo". Describen a Po tolo como infinitamente pesada, compuesta de un metal llamado "sagala", "un poco menos brillante que el hierro y tan pesado que todos los seres de la Tierra juntos no podrían levantarlo". Ésta sería la más sagrada y más secreta tradición conocida de los Dogon, la base de su religión y de sus vidas. Sin embargo, Griaule y Dieterlen optan por demostrar una prudente mesura a la hora de exponer una información tan explosiva (¡nada de platillos volantes ni seres del espacio!), prefiriendo quedarse con los datos brutos, sin arriesgar alguna interpretación. En efecto, escriben con modestia:

"Por nuestra parte, los datos recopilados no han dado lugar a ninguna hipótesis original de investigación. [...] El problema de saber cómo, sin instrumentos a su disposición, unos hombres pueden conocer el movimiento y ciertas características de estrellas virtualmente invisibles, no ha sido establecido, ni aún planteado".

Algunas discrepancias

Curiosamente, a pesar de ese papel central que se le atribuye a Sirio y a Digitaria en la mitología Dogon, es posible encontrar todo un relato cosmogónico de ese pueblo que prescinde exitosamente de tales maravillas cósmicas. Y procede de un personaje al que resultaría por lo menos chocante relegar a un segundo plano: se trata nada menos que de Ogotemmeli, el "iniciador" de Marcel Griaule, el "hombre sabio" en el que había sido delegada la responsabilidad de revelarle una cosmología compleja y profunda. En algunas fuentes (por ejemplo, en un artículo de Loy Lawhon) se cita irreflexivamente a Ogotemmeli como instructor de Griaule con relación al "misterio de Sirio", cosa que, como veremos a continuación, se halla bastante lejos de la realidad.

Recordemos que en 1948 Griaule publicó un libro titulado Dieu d'eau (que suele encontrarse con frecuencia citado con el título de su edición en ingles Conversations with Ogotemmeli; en el APÉNDICE reproduzco un fragmento de éste). En ese libro, que es considerado por muchos africanistas como un texto esencial (y, en todo caso, mucho más importante que Un Système Soudanais de Sirius) se recopilan las experiencias de Griaule con su iniciador. Veamos qué tiene que decirnos el viejo Ogotemmeli respecto al misterio de Sirio, los Nummos anfibios y las naves espaciales. La ocasión parece propicia, pues se trata de un relato cosmogónico (que en lo fundamental ya quedó resumido más arriba).

Por lo pronto, Ogotemmeli se considera "sólo preparado para hablar del sistema solar útil; acepta considerar las estrellas, pero pensando que sólo juegan un papel secundario". (Pero ¿cómo? ¿No habíamos quedado en que el sistema estelar de Sirio era el eje de la creación y de la sabiduría secreta?). Y describe la formación de las estrellas como "pelotillas de barro arrojadas al espacio por el dios Amma", insólito dato que, quién puede dudarlo, sólo puede proceder de sabios viajeros estelares.

Sigue el relato y Ogotemmeli no se resuelve a acordarse de Sirio. Pero sí nos ofrece algunos detalles que arrojan una luz especial sobre la extraordinaria precisión de los conocimientos astronómicos de los Dogon. Ogotemmeli, por ejemplo, sospecha, y con mucha razón, que el Sol es más grande que su villa, quizás incluso más grande que la región de Sangha; pero se niega a hablar sobre el tamaño de la Luna (cualquiera pensaría que los alienígenas hubieran podido ser algo más exactos en su información al respecto). Luego relata la creación de la Tierra y el nacimiento del Chacal.

Por fin aparecen los famosos Nummos, el "Par", los gemelos divinos. No olvidemos que los Nummos son, obviamente, seres anfibios procedentes de Sirio. Por lo pronto, su aspecto, tal como lo describe Ogotemmeli, resulta bastante prometedor:

"Ellos eran de color verde, mitad humano y mitad serpiente. De la cabeza al lomo ellos eran humanos: por debajo ellos eran serpientes. Sus ojos rojos estaban ampliamente abiertos como ojos humanos, y sus lenguas estaban ahorquilladas como las de las serpientes. Sus brazos eran flexibles y no tenían articulaciones. Sus cuerpos eran verdes y resbalosos por arriba, brillantes como la superficie del agua, y cubiertos de pelo verde corto, un presagio de la vegetación y la germinación."Bueno, quizás pudiera tratarse en verdad de seres extraterrestres, o, al menos, de alguno de los diosecillos de los mitos de Cthuhu, aunque su carácter "anfibio" no sea especialmente evidente, pues no se menciona en ningún momento. Lástima que unos seres tan peculiares no hayan llegado de Emme Ya, sino de la matriz de la Tierra (Ogotemmeli dixit), como fruto de la cópula perfecta de Amma con ésta. Y lástima también que Griaule nos diga, más adelante, que "Ogotemmeli usa los términos "Agua" y "Nummo" indiscriminadamente". Y también que leamos lo siguiente respecto a ellos: "Ellos son de la esencia de Dios, debido a que fueron hechos de su semilla [...]Esta fuerza es agua, y el Par está presente en toda agua: ellos son agua, el agua de los mares, de las costas, de los torrentes, de las tormentas, y la que bebemos" .Y poco después: "Sin Nummo -dice él -, no hubiera sido posible crear la tierra, porque la tierra fue moldeada de barro, y eso es del agua (que es, del Nummo) que es de donde deriva la vida".Y enseguida: "La fuerza vital de la tierra es el agua. Dios moldeó la tierra con agua. La sangre también está hecha de agua. Aun en una piedra está esa fuerza, para que esté mezclada en todo".¿Qué se deriva de este relato? ¿La visita de unos alienígenas civilizadores procedentes de Sirio? Sospecho que no. En realidad, este relato mítico lo que parece expresar es la muy lógica y humana preocupación por el agua de un pueblo de agricultores que habita en una región en que las sequías son frecuentes, como ocurre en el Sahel. Este Nummo no resulta ser otra cosa que la divinización del agua, el elemento sin el cual la vida y el orden son imposibles, que es la fuerza de dios y "de su misma esencia".

Luego aparecen los ocho Nummos secundarios, descendientes de la pareja humana primordial creada por Amma. Ogotemmeli no los describe íntegramente, pero si nos deja un dato interesante: no nos dice que fueran anfibios, sino "duales y bisexuales", capaces de fertilizarse a sí mismos "por una dispensa especial, concedida sólo a ellos". Característica en verdad extraordinaria, que no ha encontrado eco entre los divulgadores del misterio de Sirio. Por lo demás, nada en el relato nos hace suponer que su aspecto fuera tan peculiar como el del Nummo original. La existencia de estos Nummos transcurre entre diversos incidentes, que incluyen una ida al cielo (¿abducidos quizás?) y luego el retorno a la tierra, aunque a todo esto Sirio sigue sin aparecer. Durante la estancia de los Nummos en el cielo nos encontramos con algo familiar y nos mencionan (¡por fin!) a la famosa Digitaria. Pero con alguna sorpresa vemos que Ogotemmeli no se refiere a ninguna estrella invisible y pesada, sino estrictamente al grano de fonio (Digitaria exilis). Al parecer, Amma les había dado a los ocho Nummos ocho granos distintos para alimentarse, el último de los cuales fue, precisamente el fonio, expresamente rechazado "por el primer antepasado cuando le fue entregado, con el pretexto de que era muy pequeño y difícil de preparar". Este pequeño grano sería, en última instancia, la causa de que los ocho ancestros regresaran finalmente a la Tierra, aunque su connotación astronómica no aparece por ninguna parte.

¿Qué conclusión se puede extraer de todo esto? Lo mínimo que se puede decir es que si bien siempre se nos presenta a los Dogon como extrañamente obsesionados por el sistema estelar de Sirio, existe al menos un caso documentado en que eso no es cierto. Y un caso en verdad muy notable, pues Ogotemmeli fue quien inició a Griaule en los secretos más profundos de los Dogon. Y esto podría llevar a considerar la posibilidad de que quizás (sólo quizás) Sirio no sea tan central en los mitos Dogon como suele asumirse y se nos quiere hacer creer.

Es incluso probable que Marcel Griaule haya pensado de la misma forma. Como ya se mencionó, Griaule habla de Sirio en el artículo Un Système Soudanais de Sirius, pero en Dieu d'eau no dice nada al respecto. En otra obra, publicada en 1952, titulada Le Savoir des Dogon, Griaule hace sus dos últimas referencias conocidas respecto a Sirio, pero sólo en forma de notas al texto. En la primera de esas notas, Griaule aún parece considerar que el conocimiento sobre Sirio pertenece al más alto conocimiento de los Dogon; en la segunda, expresa haber hallado discrepancias respecto al sistema de conocimientos del sacerdote Innekouzou, que fue quien le reveló el saber secreto acerca de Sirio (estos datos, así como el nombre del sacerdote responsable del "conocimiento de Sirio", lo he tomado del artículo de Klaus Richter Das Sirius Rätsel. Was wissen die Dogon über Sirius A und B?). Después de eso, nada, a pesar de que Griaule no falleció sino hasta 1956.

Continúe leyendo Los Dogon y el misterio de Sirio - Parte II.


El artículo anterior fue escrito por Javier Garrido B., y publicado en su página Paraciencias al día. Agradecemos a su autor el permiso concedido para ser publicado de nuevo en esta página.