martes, 7 de agosto de 2012

¿Un astronauta en Palenque? (por Alfonso López Borgoñoz)

[Publicado en la revista El escéptico número 5, 1999]

Desde siempre, he tenido la impresión de que era importante hablar del tema del presente artículo por dos razones.

Por un lado, para divulgar una lectura razonable de lo que significa esta figura tan archiconocida (y al tiempo tan ignorada) y por otro, porque el proceso de construcción del mito del rey Pacal, su divinización tras su muerte, me recordó mucho diferentes cuestiones de religiones comparadas y de procesos de sincretismo, así como sobre la importancia que tiene la creación de paradigmas celestes como elementos que sirvan de ejemplo a las conductas humanas, tanto en el mundo maya como en el actual.

Curiosamente, tras su muerte, hace más de mil años, este rey maya vivió un proceso de divinización que, tal como trataré de hacer ver, es muy semejante al proceso de Deoastronautización (conversión en Dios-Astronauta) que le quieren dar algunos desde hace treinta años. La similitud es enorme realmente.

El problema, para mí, no es tanto la mala lectura que los para-arqueólogos hacen de los datos del pasado atribuyendo hechos humanos a supuestos dioses astronautas (en sí, de hipótesis erróneas hay a millones en todos los campos), sino cómo la misma sirve, según algunos esotéricos, de falsa evidencia que refuerza la creencia equivocada en unos contactos, ya desde antiguo, entre los hombres y dichos dioses-astronautas, cuyos atributos son iguales a los de los dioses fundadores de algunas mitologías del pasado, los cuales vienen siempre con una misión salvadora y redentora cuando la humanidad se encuentra en peligro (?).

Al no estar, por otro lado, sometidas estas hipótesis pseudo-arqueológicas a los criterios de verificación habituales por parte de la comunidad científica, son teorías que no se pueden atacar de la forma oportuna ni atajar en su expansión como mentiras, y que al ser citadas y vueltas a citar por determinados autores, parece que son ciertas para las gentes no preparadas. Una falsedad dicha cien veces, parece más cierta que una dicha una vez.

Sobre la base de interpretaciones erróneas se da carta de normalidad (con una apariencia que trata de ser científica y racional, pero que sólo es una burla) a una mutación del cambio del paradigma celeste, transformando los antiguos dioses espirituales en nuevos y científicos (en realidad, pseudocientíficos) astronautas espirituales, a los que se supone cargados con una fuerte carga de racionalidad, y con una serie de mensajes para la humanidad descarriada.

Qué mejor momento para volver que éste, según algunas sectas, cuando se acerca el milenio y ven como los hombres, dicen ellos, han evolucionado de forma peligrosa, sin valores religiosos. A los hechos y a las matanzas colectivas que diversas sectas ufológicas han provocado, o intentado provocar, en los últimos años me remito. La peor secuela de la ufología, la deo-ufología, aliada con la irracionalidad, pueden llegar a no ser inocentes (la mayor parte de las sectas peligrosas catalogadas como tales, tienen un fuerte componente ufológico en algunas de sus doctrinas).

Este cambio de paradigma (de dioses a astronautas), no siempre claro en autores como Däniken o Berlitz en cuanto a sus posibles consecuencias, al estar hábilmente barnizado con conceptos pseudocientíficos (tratamiento irracional de la teoría de la relatividad, de la cuántica, etc.) suele conllevar el que alguna gente acepte con mayor naturalidad ciertas propuestas éticas, fruto de la mentalidad de determinados guías espirituales.

El proceso de sincretismo, de amalgama entre diversos materiales (falsas teorías científicas, religiosidad, etc.) recogidos de diversas partes, no es la primera vez que se da en la historia de la humanidad, nos repetimos mucho (recuerdo ahora el caso de la Roma bajoimperial), pero sí que puede tener ahora unas consecuencias más catastróficas que los meros suicidios en masa, como pueden ser las ejecuciones en masa por supuestas órdenes de dioses extraterrestres invisibles, que nos visitan, según se indica en ciertas religiones, cada diez mil años, más o menos... (Gámez, en prensa).

Sobre el mundo maya

El mundo maya desde siempre ha ejercido una notable atracción sobre las mentes imaginativas. Frente al duro mundo azteca o inca, este pueblo que habitó la zona del Yucatán y su periferia ha aparecido siempre como una civilización delicada, artística y con un gran conocimiento de los movimientos de los astros en el cielo, que se ha visto rodeada de una romántica y oscura penumbra ante la dificultad de conocer las razones concretas de su colapso final.

Pese a que el misterio continúa en muchas cuestiones, en los últimos treinta años, tras las excavaciones que diferentes grupos de investigación de muchos países han realizado en la zona del Yucatán y tras el descubrimiento por investigadores rusos (como Knorosov o Proskouriakoff) de que los símbolos jeroglíficos de esta cultura no sólo representaban ideas (conceptos, palabras), sino que también muchos hacían referencia a sílabas, se tiene un mejor conocimiento de su mundo, cultura e historia, en la cual no aparece ningún tipo de testimonio sobre visitantes alienígenas o sobre naves tripuladas ni nada similar, sólo historias de dioses y hombres, como mucho (lo que por otro lado, tampoco es poco).

Es más, tal cual señalan Houston y Stuart (1996: 289), los nuevos desciframientos de textos jeroglíficos, nos permiten actualmente el entender mejor cuestiones fundamentales referentes a su religión, así como sobre la manera en que su clase gobernante ejercía el poder.

Figura 1: El mundo maya.

Figura 1: El mundo maya.

Una cierta neblina sigue tapando ciertas zonas de la historia y de la cultura maya, pero no parece que las teorías imaginativas, no basadas en absoluto en evidencias, de ciertos autores puedan ayudar a resolverlas.

Quizás es por ello que cuando un grupo de empresarios se decidió a crear un parque temático en la zona de Vilaseca-Salou, llamado Port Aventura, dedicando al mundo maya en una de sus partes, no pudo menos que incluir en dicha zona una reconstrucción de un templo de dicha cultura, con un pesado sarcófago en su interior, medio tapado con una losa gigantesca.

La tumba elegida fue la del rey Pacal. El bajorrelieve de su losa, que representa una figura de un hombre -y que según algunos es un astronauta-, será el motivo central de este texto.

¿Quién fue el rey Pacal?

Pacal (el grande, para diferenciarlo de uno de sus tíos que no reinó) nació el 6 de marzo del año 603 (todas las fechas del presente trabajo son d. C.) y murió el 30 de agosto del año 684 (la exactitud de las fechas es normal en un mundo tan concienzudo astronómicamente como los mayas), siendo el rey o señor de la ciudad de Palenque (y de un amplio territorio a su alrededor) desde el año 615 hasta su muerte (Ciudad, 1992: 213 y Fiedel, 1996: 324). Era hijo de la reina Zac Kuk, que reinó entre los años 612 al 640, y nieto del rey que fundó su dinastía.

Según pone en la misma losa sepulcral (fig. 2), de la que se extraen muchos datos de su historia (Ciudad, 1992: 213), este rey fue muy querido por su pueblo (2) e hizo muchas obras públicas.

Figuras 2a y 2b: Losa que cubría el sarcófago de Pacal, en Palenque (Fiedel, 1996 fig. 95). Figuras 2a y 2b: Losa que cubría el sarcófago de Pacal, en Palenque (Fiedel, 1996 fig. 95).

Figuras 2a y 2b: Losa que cubría el sarcófago de Pacal, en Palenque (Fiedel, 1996 fig. 95).

El reinado de Pacal, y de su descendiente (su hijo K'inich Kan Balam -"Serpiente Jaguar orientado al Sol"-, que gobernó entre el 683 y el 702, y que mandó construir muchos de los grandes edificios públicos de Palenque), representa el mejor momento de su ciudad, habiéndose aliado ambos con otros señores de ciudades vecinas mediante matrimonio.

¿Cómo, quién, cuándo y dónde se encontró su tumba y la losa que lo tapaba?

La losa sobre la que está esculpida esta figura fue descubierta en la ciudad maya de Palenque (en la zona de Chiapas -México-) por el arqueólogo mexicano Alberto Ruz Lhuillier, en el año 1949, en el interior de una pirámide escalonada de unos veinte metros de altura conocida como "Templo de las inscripciones".

Esta antigua ciudad maya ya era conocida desde hacía tiempo. Como señala Chinchilla (1998: 382), el gobernador español José de Estachería había promovido varias expediciones a la misma entre los años 1784 y 1787 para visitar sus ruinas recientemente descubiertas. Esta investigación había sido apoyada por el cronista de Indias Juan Bautista Muñoz, y nació en una época en que se podía encontrar un cierto despotismo ilustrado en nuestras colonias y en la que el interés del mismo Rey Carlos III le había llevado a iniciar algunas de las primeras excavaciones en Pompeya y Herculano, cerca del Vesubio, en Italia, donde también era rey entonces.

En cualquier caso, Alberto Ruz, el arqueólogo mexicano antes citado, encontró en dicha pirámide unas escaleras abovedadas, tardando casi cuatro años en llegar desde la entrada de esas escaleras hasta la tumba, a dos metros bajo el nivel del suelo, ya que tuvo que limpiar antes 25 metros de escalera rellenada, intencionalmente, con mampostería.

Finalmente alcanzó la antecámara (previa a la cámara sepulcral) en 1952, donde halló los esqueletos de cinco o seis jóvenes, aparentemente víctimas sacrificadas en honor del difunto allí inhumado. Una enorme laja de piedra triangular bloqueaba la puerta de dicha antecámara.

Tras ella, la cámara sepulcral, con unas medidas de 10 por 7 metros (Gutbrod, 1987: 345), cuyas paredes estaban decoradas con relieves de estuco. En la misma se hallaba un sarcófago monolítico, cerca de su centro, que contenía un esqueleto (caso no muy habitual en el mundo maya) de un ser humano normal (ningún ser extraterrestre), que según Gutbrod era alto para la altura media de los mayas (1987: 345).

El esqueleto fue encontrado en posición de decúbito supino, es decir, estirado y boca arriba, con su cara cubierta por una máscara de mosaicos de jade y con unas orejeras. Sobre el cuerpo, medio tapándolo, muchas joyas también de jade y madreperlas.

También se hallaron semillas en el interior del sarcófago, así como dos figuras de jade que ocupaban un lugar cerca del esqueleto, representando una al mismo Dios Sol. El cuerpo y las ofrendas habían sido cubiertos por cinabrio rojo. Bajo el sarcófago se hallaron dos cabezas de terracota, con motivos en rojo también.

Encima del sarcófago se halló una losa rectangular de 3,8 metros, con motivos esculpidos en bajorrelieve y con una larga inscripción alrededor, la cual hablaba acerca de las gestas del muerto, así como de sus fechas de nacimiento y muerte, así como las fechas de muerte de sus predecesores. Nada especialmente raro desde una perspectiva histórica.

En la cámara mortuoria se halló también una gran serpiente de terracota, símbolo del enlace entre los vivos y el más allá, que iba desde el sarcófago hasta la puerta (Gutbrod, 1987: 346).

El templo de las inscripciones y el Palenque de la época de Pacal, así como de su sucesor K'inich Kan Balam

Probablemente, el período más destacado de la ciudad maya de Palenque se situó durante los mandatos de Pacal y de su heredero, en torno al año 700 d.C.

Entre las características de este momento histórico está la decoración con estucos, los cuales son uno de los motivos que más fama ha proporcionado a esta antigua ciudad centroamericana.

La fama de Palenque, sin embargo, está más ligada a la impresionante presencia de los templos escalonados del Sol, de la Cruz y de la Cruz enramada, así como al Templo de las Inscripciones (en el que se halló la tumba de Pacal), el cual es, probablemente, el más antiguo y, tal vez también, el que muestra unas líneas y arquitectura más impresionante (Rocchi, 1989: 2115).

La mayoría de estos templos fueron levantados hacia el 692 por K'inich Kan Balam, hijo de Pacal, el cual hizo aparecer a su padre en otros bajorrelieves de la ciudad, como el de la Cruz, en el del templo del Sol o en el de la Cruz enramada (fig. 3 y 4), en los que se observa el proceso de su divinización post-mortem.

Figura 3: Bajorrelieve del templo de la Cruz Enramada (según Stiebing, 1994 fig. 6). Obsérvese el árbol en forma de cruz, coronado por un pájaro Quetzal, unas panochas de maíz en las ramas (no demasiado esquemáticas), el demonio en las raíces. Pacal es la figura que está de pié a la izquierda, de gran tamaño, sus rasgos y vestiduras son similares a los de la figura humana de la cubierta del sarcófago de Pacal.

Figura 3: Bajorrelieve del templo de la Cruz Enramada (según Stiebing, 1994 fig. 6). Obsérvese el árbol en forma de cruz, coronado por un pájaro Quetzal, unas panochas de maíz en las ramas (no demasiado esquemáticas), el demonio en las raíces. Pacal es la figura que está de pié a la izquierda, de gran tamaño, sus rasgos y vestiduras son similares a los de la figura humana de la cubierta del sarcófago de Pacal.


Precisamente muchos de esos bajorrelieves son llamados de la "cruz" porque se asocia a Pacal con el árbol de la vida (en forma de cruz en amplias zonas de Mesoamérica). En el de la Cruz enramada, además, el árbol sagrado tiene dos brazos que terminan también, como veremos, con mazorcas de maíz antropomorfas.

Figura 4: Bajorrelieve del templo de la Cruz (según Stiebing, 1994 fig. 5). Obsérvese, de nuevo, el árbol en forma de cruz, coronado por un pájaro Quetzal, con una serpiente alrededor de sus ramas, el demonio en las raíces, etc.

Figura 4: Bajorrelieve del templo de la Cruz (según Stiebing, 1994 fig. 5). Obsérvese, de nuevo, el árbol en forma de cruz, coronado por un pájaro Quetzal, con una serpiente alrededor de sus ramas, el demonio en las raíces, etc.


Este árbol de la vida, según señala Broch (1987: 39) "es el árbol del origen, que los manuscritos nos muestran atravesando la tierra, desde los mundos inferiores hasta los mundos superiores".

El Templo de las inscripciones, donde se halla la losa, fue mandado construir por el mismo Pacal o por su hijo (3) (Rocchi, 1989), para que fuera su tumba, la cual es la más importante nunca hallada en el mundo maya por la calidad de los restos y de las ofrendas allí depositadas, siendo, para los investigadores y aficionados al mundo maya, similar en importancia a la que en su momento tuvo la tumba del faraón egipcio Tut-Anj-Amón.

Algunas hipótesis racionales que tratan de explicar el significado del bajorrelieve esculpido en la losa

Sobre qué representa esta figura ha habido a lo largo del tiempo diversas hipótesis que tratan de dar una explicación sobre la base de las pocas evidencias halladas, según una perspectiva racional. En todas dichas hipótesis se atribuye la figura humana central y el esqueleto como pertenecientes a Pacal. En general, son coincidentes, excepto en cuestiones de detalle que son las que destacamos, para después discutirlas todas en el apartado siguiente.

Según Alberto Ruz (4), su descubridor, tanto el esqueleto como la figura humana, corresponden al rey Pacal de Palenque, sin duda. Para este autor mexicano, la figura epigráfica lo representa con todos los rasgos mayas posibles en su cara, apoyado, de espaldas, sobre el esqueleto del demonio de los cuatro puntos cardinales, bajo el árbol sagrado que corona el pájaro Quetzal, el cual es uno de los símbolos del Dios Sol (este estudio se hizo hace cuarenta años).

Otra hipótesis cree que la losa nos habla de tres mundos, el inferior (de los infiernos), el central (de la Tierra) y el superior (del cielo). En los infiernos se puede observar la cara de un monstruo que mira de frente, enseñando sus dientes. En la parte del centro estaría, básicamente, el árbol de la vida (con forma de cruz), con una serpiente bicéfala en sus ramas claramente visible, de cuyas fauces surge un diosecillo, y con un pájaro en su rama superior (Rocchi, 1989).

Según Fiedel (1996: 324) la figura de la losa representa al rey Pacal engullido por un monstruo del mundo subterráneo, del mismo modo que el Sol se pone al atardecer devorado por otro monstruo de dicho mundo. Según esta interpretación, tras la noche (muerte) el Rey volvería, como el Sol, a brillar en el cielo. Esto se ve más claro por la asociación que su hijo hizo de Pacal con nuestro Astro-Rey en numerosos templos.

Lo que en la actualidad se considera que significa este bajorrelieve

Según Houston y Stuart (1996, 296) los gobernantes mayas no eran considerados, en vida, como dioses. Como mucho, según los textos, eran sagrados. La fusión de estos gobernantes (y de sus esposas/os) con los dioses tenía lugar tras la muerte de éstos, cuando muchos de ellos empezaban a ser venerados juntamente con los héroes ancestrales o fundadores de cada ciudad.

Un ejemplo de este tipo de política sería la romana, en la que los primeros emperadores, pese a no ser entendidos como dioses en vida, sufrían un proceso de divinización tras la celebración de sus ceremonias funerarias, especialmente la de la apotheosis (que viene a significar en griego algo así como paso a la divinidad).

Es por ello que en el mundo maya empezaron a desarrollarse una serie de imágenes que representaban el paso del gobernante muerto a la divinidad, asumiendo, en dicho tránsito, los atributos de alguna deidad. En general los reyes masculinos se asociaban al dios Sol, y las femeninas a la diosa Luna.

Sin embargo, algunos de los miembros de esta clase gobernante también aparecían asociados al dios del Maíz. Este dios era un símbolo de la juventud y de la renovación vegetal, representado un ciclo de transformaciones que vinculaba a los gobernantes con los primeros seres humanos, quienes eran representados como una especie de pasta de maíz (5).

En esta losa de Palenque, se representaría a Pacal, además de con todos los símbolos antes mencionados (el pájaro Quetztal, la serpiente, todos ellos asociados a la muerte y resurrección) sufriendo un proceso de transformación (metamorfosis) y emergiendo con los atributos del Dios del maíz o de plantas.

Figura 5: Detalle de la losa.

Figura 5: Detalle de la losa.

Es decir, hallamos presente en la losa, de forma normal, toda la simbología clásica de la muerte y resurrección según las creencias mayas.

Parece claro, pues, por los datos que hemos ido examinando, y por los restos hallados, que de lo que se trata en esta losa es mostrar el cumplimiento de un rito de paso, de un rito de transición, por parte de un señor maya, Pacal, rey de la ciudad de Palenque, en su trance de la vida a la muerte, al tiempo que se inicia un proceso de divinización del mismo.

Creemos que lo esculpido en la losa nos habla, en todos sus símbolos, del proceso de divinización, tras su triunfo sobre la muerte, de Pacal.

Y de ello nos hablan la mayoría de sus elementos identificables, como es la misma presencia del Dios Sol (a través de su símbolo en el pájaro Quetzal) en su doble vertiente, por un lado la de Dios más poderoso del panteón maya y por otro lado, en la perspectiva de Dios que se hunde en las tinieblas cada noche para renacer al día siguiente; o la de hallarse la figura bajo una serpiente, símbolo del tránsito al otro mundo (no sólo aquí, en muchas otras culturas, como la moche, que se desarrolló en ese mismo tiempo y que también la usa normalmente en sus representaciones funerarias -Hill, 1998-).

También habla en ese sentido el hecho de ir Pacal revestido con los atributos del Dios del Maíz, que también tiene un marcado simbolismo funerario en la cultura maya, y el estar todo enmarcado por el árbol de la vida, lo cual hace que no podamos dudar mucho de que, muy probablemente, esta es la hipótesis interpretativa más correcta.

Pacal, en su ascensión, escapa de un Demonio (¿demonio de los cuatro puntos cardinales, del mundo subterráneo o el del Infierno?), en la parte inferior, que lo ha "devorado" ritualmente en el momento de su muerte.

¿Y cómo sabemos que es un demonio del mundo subterráneo?, porque en él hunde sus raíces el árbol de la vida, y porque este árbol está coronado por el Quetzal, el símbolo del Dios principal del panteón. El árbol marca un camino desde la muerte hacia el cielo maya, todo lo cual también se asocia al resto de símbolos hallados dentro del sarcófago y a su alrededor.

Un rey que, por otra parte, por lo que se ve en los restos humanos encontrados y en la figura central de la lápida entera tiene los rasgos típicos de los indígenas precolombinos de la zona.

Otros relieves mayas coetáneos, similares al de la losa, y que sólo permiten una explicación no astronáutica

El problema para los para-arqueólogos (ellos no hablan nunca de ello), es que además en otros bajorrelieves mayas de la misma cronología y de la misma ciudad de Palenque, hallados en, por ejemplo, el Templo de la Cruz Enramada (fig. 3) o en el de la Cruz (fig. 4), tal como muestra Stiebing (1994: 96-99), así como en otros, se ve la aparición de los mismos símbolos, pero sin la figura de Pacal por el medio (pero sí a un lado), advirtiéndose claramente el árbol de la vida en forma de cruz, el pájaro Quetzal arriba, la serpiente bicéfala, cabezas en forma de mazorcas de maíz en las ramas del árbol, así como un demonio en su base. Broch (1987: 37) -fig. 6-, incluso compara en un dibujo las similitudes entre el relieve de la losa de Palenque y el de la Cruz Enramada.

Figura 6: Comparación que efectúa Broch (1987, fig. 4) con los bajorrelieves de la losa del sarcófago de Pacal y del templo de la Cruz.

Figura 6: Comparación que efectúa Broch (1987, fig. 4) con los bajorrelieves de la losa del sarcófago de Pacal y del templo de la Cruz.

Tras la explicación en hipótesis y estas pruebas de qué significan los diseños, creo que el factor duda debería desvanecerse, aunque es poco probable, lo sé, que ello suceda finalmente.

La hipótesis alternativa a todas las hipótesis racionales: la astronauto-para-arqueológica

A mediados de los años sesenta se hizo muy popular esta losa entre el público en general (que no entre el especializado, ya que era archiconocida antes dada su importancia) (6), dado que Von Däniken y otros autores, como Berlitz, publicaron su fotografía en un par de libros de "para-arqueología ficción" de gran éxito de ventas, indicando que la misma era un resto "evidente" de la tumba de un astronauta extraterrestre, al cual se le veía manipulando su nave espacial.

Esta teoría o punto de vista fue divulgado por el escritor (7) ruso Alexander Kazantsev, el cual sugirió que el personaje allí representado se hallaba en el interior de una nave espacial que despegaba, mientras iba accionando diversos mandos de la misma.

Según Broch (1987: 32), en realidad Kazantsev copió la idea de dos artículos de los para-arqueólogos franceses G. Tarade y A. Millou publicados en agosto del año 1966.

Para Berlitz, el diseño era similar al de los cohetes de su tiempo (aunque quizás fuera más correcto decir a los aviones a reacción de entonces) y a la posición que en ellos adoptaban los astronautas (no es del todo cierto, en los cohetes la gente iba sujeta a su silla en el momento del despegue, y en el espacio ni se adoptaba esa posición, ni se saca fuego por las toberas) (8).

También Von Däniken habló del tema en su obra "Chariots of the Gods" (1968). Para obtener la óptica que deseaba, cambió la manera de ver la losa. Su visión como la de Berlitz o Kazantsev, suponía que se debía ver este dibujo con los lados cortos en posición vertical y los alargados en posición horizontal (cuando, en realidad, como hemos visto, la posición correcta es la contraria).

Según ellos, si la lápida se entiende alargada, con el rey mirando hacia la izquierda, la antena (parabólica) de la nave estaría a la izquierda, el tablero de mandos junto a las manos de Pacal, y este estaría en un asiento justo encima de un turbocompresor, con un tubo de escape lanzando fuego por detrás.

A modo de conclusión (aunque me temo que esto no acabará nunca)

Como parece, y como es razonable dado el lugar y la cronología de su ejecución, la lápida nos habla de un proceso de divinización de un máximo mandatario de una ciudad maya, en un proceso bien conocido en ésta y otras culturas, lo cual sirve como elemento legitimador de los gobernantes que lo suceden.

Como hemos dicho, los estudiosos de lo paranormal, para obtener la óptica que desean, cambian la manera de ver a este gobernante maya. La vista que ellos ofrecen permite fabular hipótesis no razonables, como hasta cierto punto, la vista de cualquier obra de arte.

Ello en sí no es malo. El cambiar el punto de vista puede dar a mejores observaciones y lecturas de la realidad. Sin embargo, el tratar con la losa aislada, descontextualizándola, sin buscar más evidencias que les apoyen y sin ver otros restos ni estudiar la cultura en la que la misma surge, si que demuestra el escaso interés de los estudiosos de lo paranormal por dar con la mejor respuesta posible.

La visión del conjunto en la forma correcta, y tras una investigación, posibilita el rechazar lo imposible para quedarse con lo probable, dentro de las abundantes dudas que la interpretación de una lápida siempre ofrece acerca de lo que significan sus símbolos.

No creemos muy razonable que sea un astronauta, pero si lo es, los autores de esta hipótesis deberán demostrarlo con muchas más evidencias y estudios serios.

Este es un típico caso en que algunas casualidades y falsas analogías han provocado el extravío de algunas mentes no muy preparadas. Como indica Stephen Jay Gould (1995): "La mente humana se deleita al encontrar esquemas subyacentes, hasta tal punto que a menudo confundimos las coincidencias o las analogías forzadas con significados profundos [...]".

Y, todo esto, nos lleva a tratar de ver qué hay detrás de su aceptación por la gente en general.

La dificultad de establecer nexos con el pasado, por culpa de una historia cada vez más alejada de los grandes mitos y que no nos habla de cosas usuales ni comprensibles (en vez de amores y odios entre humanos, generalmente movidos por los mismos interés que nos mueven a nosotros, se hablan de macrociclos económicos), mucha gente deja de creer en los historiadores y cae en las garras de autores que les hablan de unos supuestos misterios transcendentes en épocas pretéritas, ocultados por los investigadores (esos mismos que les alejan el conocimiento de su propia historia).

Por otra parte, caídas muchas divinidades, se advierte como la esperanza en mitos cósmicos vuelve a renacer de la mano de los mitos astronáuticos.

Un nuevo paradigma celeste, una vez que ha entrado en quiebra en muchas sociedades desarrolladas (y especialmente entre ciertas capas de la sociedad) las antiguas creencias religiosas, trata de abrirse paso. El hombre sale al espacio y no encuentra a Dios. La explicación es que este es extraterrestre, y que de nuevo, tras un largo viaje, está a punto de volver, con un nuevo mensaje redentor para sus elegidos, tras miles de años de ausencia, investido con todas las características racionales, éticas, científicas y espirituales que se suponen a una civilización mucho más avanzada, que, además, ya nos ayudó a dar nuestros primeros pasos.

Es un mito típico que se genera en todas las sociedades. La del retorno de los dioses.

Frente a una vida humana de trabajo, el mito cósmico nos lleva a una creencia y esperanza en algún tipo de salvación de nuestro cuerpo y alma. De ahí su vigencia y el querer ver en esta losa misterios sólo aptos para ser, supuestamente, entendidos por iniciados (cuando lo cierto, es que el entendimiento que de los mismos hacen los para-arqueólogos es el más sencillo de los posibles y al alcance de todo el mundo).

¿Y dónde mejor encuadrar dichos mitos cósmicos, que entre pueblos, como el maya, que aún hoy ven envuelta en la bruma una gran parte de su historia?.

Su capacidad astronómica, fruto de un agudo sentido de la observación, pero plenamente circunscrita a los medios de los que disponían, también, sin duda, ha hecho que esta hipótesis astronáutica acerca de esta figura haya ganado fuerza. La ignorancia de las enormes posibilidades y precisión alcanzables por la astronomía sin telescopios, basada sólo en la contemplación rigurosa de los movimientos de los cuerpos celestes durante muchos años, hace que la gente se pueda sorprender de resultados científicos maravillosos, pero no imposibles, alcanzados en el pasado por las gentes de culturas megalíticas, precolombinas o de cualquier parte del mundo, tal como la arqueoastronomía nos enseña hoy.

Probablemente, acerca de los procesos sincréticos que se observan en la mayor parte de las sectas ufológicas (9) de nuevo cuño desarrolladas en los últimos cuarenta años (Gámez, en prensa cap. I), será conveniente hablar en otros congresos.

Sin embargo, he creído que era conveniente el remarcar la importancia que tiene en todo este proceso de espiritualización de los extraterrestres, que mucha gente desarrolla en la actualidad, la lectura errónea de restos arqueológicos, así como la búsqueda de pasadas llegadas de astronautas de otros mundos a nuestro planeta, para así justificar mejor ciertas doctrinas religiosas, que, ante el fin de milenio que se avecina, hacen del mensaje agorero, milenarista y apocalíptico su carta de presentación habitual.

Por cierto, J. A. Goytisolo acaba con una bella frase un breve texto que escribió sobre el tema: "no me gusta la ciencia-ficción. Es más apasionante la vida". Alterando algo su frase, yo diría que frente a la ciencia-basura prefiero o bien la ciencia-ficción (quedando claro que es ficción) o la vida misma.

Notas

1. Agradezco a Juan Soler Enfedaque la documentación que me ha proporcionado sobre este tema.
2. Eso, en realidad, quiere decir, probablemente, que fue respetado por su sucesor, cuya divinización requirió para legitimar mejor su propio acceso al trono.
3. Según otros autores, en realidad se mandó construir por su hijo.
4. La primera hipótesis, en parte, se basa en un comentario (sumamente escéptico y de muy recomendable lectura) de J. A. Goytisolo (El Periódico de Catalunya, 27 de diciembre de 1.993) sobre un texto de un tal M. Duverger (espero que no se trate de Maurice Duverger, el muy conocido filósofo del derecho), en el cual este autor francés afirmaba que era un astronauta. Otro conocido autor que recientemente ha hablado sobre el tema es Terenci Moix (1998), en un artículo muy bonito para La Vanguardia, en la que hablando de Palenque se ríe de las hipótesis ufológicas con respecto a la tumba (incluso comenta que hay gente que lo asocia, por la posición de la mano al mundo del Zen, como si fuera un Buda en trance).
5. De nuevo encontramos un buen ejemplo para estudiar este fenómeno en el mundo romano, en el cual una serie de antiguos cultos a la renovación de la naturaleza y a la Tierra, quedaron, al final del Imperio, sumidos en un proceso de sincretismo, asumiendo en el seno de su propio rito toda una serie de símbolos basados en una religiosidad astral.
6. Incluso cierta revista parapsicológica española, Mundo Desconocido, regalaba un póster con dicha imagen, para incentivar las suscripciones.
7. Según Berlitz, era científico; según se deduce de sus teorías, para nosotros, como mucho, novelista (pero malo).
8. En cualquier caso, para una crítica más fuerte del vestuario de pseudo-astronauta de Pacal, léase Stiebing (1994: 96-99).
9. La mayoría son ufológicas, de una u otra manera, y si no, basta con ver con detenimiento sus hipótesis.

Bibliografía

Berlitz, Charles (1975), El triángulo de las Bermudas, Trad. de José Cayuela. Edit. Pomaire: Barcelona.
Broch, Henri (1987), Los fenómenos paranormales. Una reflexión crítica, trad. por J. Bignozzi. Editorial Crítica. Barcelona (Ed. Orig. 1985).
Broch, Henri (1978), La misteriosa pirámide de Falicon, trad. de J. Bignozzi, Asesoría Técnica de Ediciones. Barcelona (Ed. Orig. 1976).
Ciudad, Andrés (1992), “El clásico mesoamericano. Tendencias evolutivas”, en Historia de Iberoamérica Vol. I, pp. 169-269. Edit. Cátedra. Barcelona.
Charroux, Robert (1976), El libro de los dueños del mundo, Plaza y Janés, Barcelona, 1976 (Ed. Orig. 1967)
Chinchilla, Oswaldo (1998), Archaeology and nationalism in Guatemala at the time of independence, en Antiquity, Vol. 72 nº 276 -junio- pp. 376-386.
Dorsinfang-Smets, A. (1964), L'Amerique précolombienne. Edit. Bloud et Gay. París.
Fiedel, Stuart J. (1996), Prehistoria de América, Trad. de M. Ríos. Edit. Crítica. Barcelona (Ed. Orig. 1987).
Gámez, L. A. (en prensa). Brujos, marcianos y otras hierbas. Bilbao.
Gould, S. J. (1995), La sonrisa del flamenco. Reflexiones sobre historia natural". Trad. por A. Resines. Edit. Crítica. Barcelona (Ed. Orig. 1985).
Gutbrod, Karl (1987), Historia de las antiguas culturas del mundo, trad de J. Laviña y O. Siemsen. Ediciones del Serbal. Madrid (Ed. Orig. 1975).
Henderson, J. S. (1981), The world of the ancient maya. Cornell University Press.
Hill, Erica (1998), Death as a rite of passage: the iconography of the Moche Burial Theme, en Antiquity, Vol. 72 nº 277 -Septiembre- pp. 528-538.
Houston, Stephen y Stuart, David (1996), Of gods, glyphs and kings: divinity and rulership among the classic maya, en Antiquity, Vol. 70 nº 268 -junio- pp. 289-312.
Kolosimo, Peter (1977), No es terrestre, Plaza y Janés, Barcelona, 1977 (Ed. Orig. 1968).
Krupp, E. C. (1989), En búsqueda de las antiguas astronomías, trad de . Editorial Pirámide. Madrid, 1989.
Millou, A. y Tarade, G. (1966) L'enigma di Palenque, Clypeus nº 4/5 -Octubre- p. 19. Turín.
Moix, Terenci (1998), La Atenas del arte maya, Diario La Vanguardia, pág. 17, domingo 20 de septiembre.
McAnany, P. (1995), Antecestors and the Classic Maya built environment. Dumbarton Oaks Fall.
Rocchi, Carla (1989), Palenque: La capital del estuco, en Arqueología de las Ciudades perdidas, Vol. VIII pp. 2113-2119. Salvat Editores. Barcelona
Ruz Lhuillier, Alberto (1953), The pyramid tomb of a prince of Palenque, en Illustrated London News, número 223, pp. 321 a 323. Londres
Stiebing, William (1994), Astronautas en la Antigüedad. Colisiones cósmicas y otras teorías populares acerca del pasado del hombre, trad. de A. Coscarelli. Col. Eleusis. Ed. Tikal. Gerona.
Tomas, Andrew (1976), Los secretos de la Atlántida, Plaza y Janés, Barcelona.
Vallée, Jacques (1974), Chronique des apparitions extra-terrestres, París.
Von Däniken, Erich (1968), Chariots of the Gods. Bantam Books. 1968.
Von Däniken, Erich (1968), Regreso a las Estrellas. Plaza y Janés. 1969.
Wojciehowski, Eric (1997), “The return of Ancient Astronauts. Zecharia Sitchin rekindles an old pseudoscience" en Skeptic, Vol. 5, número 1, pp. 30-34.


El artículo anterior fue escrito por Alfonso López Borgoñoz, y publicado en la revista El escéptico. Agradecemos a su autor el permiso concedido para ser publicado de nuevo en esta página.
Enlaces recomendados:
- Ancient astronauts and Erich von Däniken's Chariots of the Gods artículo del The Skeptic's Dictionary.
- Von Däniken's Maya Astronaut sección sobre el "astronauta" de Palenque en una página sobre la cultura maya.