lunes, 30 de julio de 2012

La revista esotérica 'Enigmas' plagió parte del material de esta web

Un artículo publicado en noviembre de 2006 en la revista esotérica 'Enigmas' contiene varios párrafos plagiados de esta página web, sin citar su origen. Debo decir que la única razón por la que lo denuncio aquí es para dejar claro quién ha plagiado a quién, y que no he sido yo quien ha copiado algo. Como dije en la carta de protesta que envié a la revista y que reproduzco más adelante, no me molesta que se hayan basado en mi trabajo, sino que no me citen. Luis Alfonso Gámez, periodista científico del diario 'El Correo', denunció el plagio al ser informado de ello en su bitácora 'Magonia, una ventana crítica al mundo del misterio', donde se cuenta la historia con más detalle.

He de aclarar que no soy lector habitual de 'Enigmas' ni he comprado nunca la revista (aunque sí la he ojeado y he leído ejemplares prestados), por aquello de no regalar mi dinero a los que viven de vender una y otra vez cuentos pseudocientíficos ya demostrados falsos y mitos sin una sola prueba sólida. Me enteré del plagio a través de la versión web de la revista, unos meses después de su publicación, mientras estaba buscando nueva información sobre la Luna, algo que hago habitualmente. En marzo de 2007, envié el siguiente correo electrónico a la redacción de 'Enigmas':

Les escribo para informarles que su revista plagió en el número de noviembre de 2006 unos párrafos de mi web dedicada a desmontar la teoría del fraude en la llegada del hombre a la Luna (http://intercosmos.iespana.es/luna/). El artículo concreto de 'Enigmas', firmado por Jaime Cuevas, Iván Blánquer y Juan Acosta, es el siguiente:
http://www.akasico.wanadoo.es/akasico/html/carticulos/162942_1.html
http://www.akasico.wanadoo.es/akasico/html/carticulos/162942_2.html

Pueden ver la comparación de ambos textos en la siguiente dirección:
http://intercosmos.iespana.es/reportajes/luna/plagio-lunar.htm
Si tienen dudas al respecto, podrán comprobar que mi texto es más antiguo haciendo una breve consulta en el 'Internet Archive' (http://www.archive.org/).

No me molesta que se hayan basado en mi trabajo, sino que no me citen. Además, su texto está tan poco preparado que se pueden leer cosas como "Alternative Tree", "Bill Kaysong" y "We never end to the Moon", en lugar de lo correcto: "Alternative Three", "Bill Kaysing" y "We never went to the Moon". Agradecería que hicieran una aclaración en el próximo número impreso de su revista, y que hicieran una mención a mi web y colocaran un enlace en el artículo colgado en su página web.
Un saludo,
Alberto Matallanos.

Justo un mes más tarde (32 días exactamente) recibí la respuesta, en la que amablemente se me aseguraba que mi carta sería publicada en el próximo número de la revista. En lugar de eso, en el número de junio publicaron una "aclaración" firmada por la redacción en la que se insinúa que ambos textos (el mío y el de 'Enigmas') provienen de una tercera fuente, "una primera noticia aparecida en varios medios generalistas", de la que no dan más detalles. Según he podido saber, en un foro privado relacionado con 'Enigmas' se ha dicho que la supuesta fuente es un artículo de Space.com aparecido el 13 de agosto de 2006. La razón de que no citaran expresamente dicha fuente en la aclaración impresa es bien obvia: no pueden demostrar que ni uno sólo de los contenidos de esta web está sacado de dicho artículo.
En cambio, hay una manera muy sencilla de comprobar que mi texto es previo a noviembre de 2006, fecha del plagio: consultando el Internet Archive, que almacena versiones antiguas de millones de páginas web, clasificadas por fechas. Los autores del plagio quizá pensaron que nadie se daría cuenta del mismo, así que espero que esto les sirva de escarmiento para no volver a utilizar un trabajo sin citarlo. Hay una diferencia enorme entre informarse en diferentes sitios y escribir un texto original citando fuentes, como hago yo, y en hacer un "corta y pega" retocándolo ligeramente, con errores garrafales y sin citarme en su debido momento, como hicieron en 'Enigmas'. Como se puede comprobar a continuación, el plagio es más que evidente.


Texto publicado por 'Enigmas': Texto original:
"Desaparecen casi todas las grabaciones del viaje a la Luna". Así han titulado, en un ejercicio de verdadero mal periodismo, algunos medios como el diario gratuito '20 minutos', a raíz de la publicación en mayo de 2006 de un trabajo del científico John Sarkissian, del observatorio Parkes, en Australia. ¿De verdad han desaparecido? Pues no, dejémoslo claro desde un principio: todas las fotografías y grabaciones de vídeo de los paseos lunares (desde el Apollo 11 hasta el Apollo 17) permanecen digitalizadas en la página del Apollo Lunar Surface Journal, donde cualquier persona las puede ver.
En el informe de Sarkissian, titulado The Search for the Apollo 11 SSTV Tapes (la búsqueda de las cintas SSTV del Apollo 11), podemos leer que lo que en realidad se han perdido son unas 700 cajas de cintas de datos que, además de telemetría, contienen grabaciones del Apollo 11 de mejor calidad que las conocidas hasta ahora. Por supuesto, Sarkissian no duda que se llegara a la Luna, ni da pábulo a las teorías de la conspiración. De hecho, debido a la publicación en varios medios de noticias del mismo estilo que la de '20 minutos', Sarkissian, un poco molesto por toda la situación creada, ha tenido que aclarar en Space.com, que no se han perdido cintas originales ni documentación sobre los paseos lunares. Simplemente se están buscando unas cintas que eran copias de seguridad.
Y aquí es necesario hacer un inciso, para aclarar qué contienen exactamente esas cintas. Por diversas razones técnicas que se explican con más detalle en otra sección de esta página, las imágenes de vídeo que el Apollo 11 retransmitió a la Tierra no eran compatibles con el estándar de la televisión de aquella época. Eran imágenes de tipo Slow-Scan Television (SSTV). La solución que se adoptó fue utilizar un convertidor RCA, que consistía en una cámara RCA TK-22 Vidicon que grababa de un monitor SSTV en el que se mostraban esas imágenes según se recibían de la Luna, y estas imágenes, ya estandarizadas, se emitieron al resto del mundo. Con ello se consiguió solventar el problema, pero se perdió calidad de imagen en el proceso, y lo que pudieron ver todos los telespectadores fueron aquellas famosas imágenes, bastante borrosas y en blanco y negro. Las imágenes recibidas directamente de la Luna, de mejor calidad, fueron grabadas como copia de seguridad en cintas analógicas, las cintas SSTV antes mencionadas, y permanecieron almacenadas durante años, primero en el centro espacial Goddard, luego en los Archivos Nacionales (US National Archives) y después de nuevo en Goddard. La teoría del fraude lunar es en buena medida uno de los buques insignia del sentimiento antiestadounidense y, en especial, de la permanente incredulidad (que no escepticismo) de un cierto sector de la sociedad hacia las llamadas versiones oficiales o gubernamentales.

Es también una muestra del escaso pensamiento crítico y racional que manifiestan algunas personas a la hora de analizar hechos históricos. Acostumbrados como estamos a los efectos especiales de las películas actuales, no es del todo extraño que haya quien crea que los primeros viajes lunares tripulados, realizados entre 1968 y 1972, pudieron ser falsificados por la NASA para ganar la carrera espacial mantenida con la Unión Soviética y, de paso, asombrar al mundo entero.

Los conspiracionistas afirman que la telemetría era falsificada con un satélite de la NASA que orbitaba alrededor de la Tierra (el TETR-A). Esta idea es sencillamente falsa. Si hubiera sido así, los radioaficionados y los equipos de las antenas de seguimiento se hubieran dado cuenta de ello, ya que los satélites artificiales cercanos a la Tierra completan una órbita en (como mínimo) unos 90 minutos. Es decir, cruzan el cielo muy rápidamente, mientras que la trayectoria de una misión lunar hace que la variación de la posición de la nave en el cielo no sea muy grande durante el viaje.
La organización encargada de recibir la telemetría de las naves Apollo era la MSFN (Manned Space Flight Network, o Red de Vuelos Espaciales Tripulados), cuya red de radiotelescopios, antenas, barcos y aviones repartidos por el mundo (para permitir un seguimiento continuo) permitían a la NASA disponer en todo momento de la información en el MCC (Mission Control Center). El sistema de la MSFN era tan preciso que era capaz de detectar el más mínimo movimiento de la nave durante su vuelo (incluso detectaban el ligero movimiento que se producía cuando los astronautas expulsaban los desperdicios al espacio) gracias al efecto Doppler (el cambio en la frecuencia de onda como consecuencia del movimiento relativo de la nave con respecto a la Tierra). Los técnicos y científicos que trabajaban en la MSFN por todo el mundo (que no pertenecían a la NASA) no detectaron ninguna anomalía en la señal recibida.